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 TEATRO PRINCIPAL

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susana4
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Fecha de inscripción : 06/01/2012

MensajeTema: TEATRO PRINCIPAL   Lun 9 Ene - 12:01

Construcción


ALICANTE 1905 - 1915, TEATRO PRINCIPAL DE ALICANTE

El 23 de septiembre de 1845, veintiuno de los mas importantes comerciantes de la ciudad, dos aristócratas y dos familias de propietarios mantuvieron una reunión en la que surgió la idea de la construcción de un teatro. Manifestaron que la ciudad de Alicante"carecía de un teatro digno de su cultura" pues los existentes eran improvisados en locales inadecuados. "Bastaron diecisiete días para que esta sociedad de veinticinco personas se aviniese en todas sus partes".El Ayuntamiento, por acuerdo de 18 de octubre de 1845, cedió los terrenos necesarios. El día 2 de enero de1846 se iniciaron en la Plaza del Barranquet las obras del que entonces se llamó TEATRO NUEVO para diferenciarlo del teatro viejo existente en la calle Liorna. Se inauguró el 25 deseptiembre de 1847. Diez años mas tarde pasó a llamarse TEATRO DE ALICANTE y poco después TEATRO PRINCIPAL. El proyecto fue realizado porel arquitecto alicantino Emilio Jover Perrón.


Características del Edificio



Destacasu tratamiento volumétrico y urbanístico, por hallarse totalmenteexento de edificios anexos y ocupar un lugar preferente en la tramaurbanística. La fachada principal es de estilo neoclásico realizada ensillería vista, a la que va adosado un pórtico dórico de seis columnasde doble altura coronado por un frontón triangular. El interior,siguiendo la tipología dominante en los teatros de la época -es de losdenominados a la italiana-, presenta una sala en forma de herradura ycuatro plantas, solución adecuada para la percepción acústica y visualde los espectáculos En este coliseo se han realizado diversas reformas,siendo las mas importantes las que finalizaron el 20 de septiembre de1876; las que dirigió el arquitecto Juan Vidal Ramos y terminaron el 28de octubre de 1941 –tras la caída durante la Guerra Civil de una bombasobre el escenario-, y, finalmente, la que finalizó el 6 de mayo de1991 con importantes aportaciones económicas del Ayuntamiento deAlicante, la Caja de Ahorros del Mediterráneo, los Ministerios de ObrasPúblicas y de Cultura y la Consellería de Cultura de la GeneralitatValenciana.El aforo actual del teatro es de 1072 butacas, de las cuales seconsidera aforo útil 960 localidades, siendo el resto de visibilidadreducida. El aforo útil está compuesto del modo siguiente: 440 butacasde patio; 16 en plateas; 129 butacas de Club (1ª planta); 32 asientosen Palcos (1ª planta); 123 en Palco Corrido (2ª planta); 208localidades de Anfiteatro (3ª planta) y 12 en Proscenios.

Visitas Reales

El Teatro Principal a lo largo de su historia recibió varias visitasreales: Amadeo I el 15 de marzo de 1871, Isabel II el 26 de marzo de1858, Alfonso XIII el 17 de enero de 1909, Sofía de Grecia el 6 de mayode 1991 y Juan Carlos y Sofía el 18 de abril de 1995.


Personalidades de las Artes Escénicas y de la Música




Desdesu inauguración el Teatro Principal ha sido un lugar de gransignificación para la ciudad. En él se han realizado innumerables eimportantes actividades. Baste la mención de relevantes figuras de lasartes escénicas y de la música que han actuado en el:

MargaritaXirgu, Julián Gayarre, Julián Romea, María Guerrero, Sagi-Barba, José yMaría Isbert, Marcos Redondo, Pablo Sarasate, Pastora Imperio, LolaFlores, Valeriano León, Aurora Redondo, María Fernanda Ladrón deGuevara, Amparo Rivelles, Concha Piquer, Juanita Reina, Andrés Segovia,Narciso Yepes, María Asquerino, Fernando Fernán Gómez, ArthurRubinstein, Mary Carrillo, Ismael Merlo, Alberto Closas, José MaríaRodero, Concha Velasco, Joaquín Cortés, Aitana Sánchez Gijón, Irene yJulia Gutierrez Caba, José Luis López Vázquez, María Jesús Valdés,Antonio Gades, Victor Ullate, Ainhoa Arteta, Federico Luppi, NuriaEspért, Adolfo Marsillach, Norma Alejandro, Ángel Corella, MaríaGimenez, Julio Bocca, Antonio Canales, Rosa Mª Sardà, Lola Herrera,Juan Echanove, Natalia Dicenta, José Mª Pou, José Sacristán, LindsayKemp, Ana Mª Sánchez, José Sempere...

Así como formaciones de gran significación escénica como:
Els Joglars, Tricicle, Dagoll Dagom y Teatre Lliure.


Acontecimientos Destacados



Siendo difícil, por lo prolijo, destacar los acontecimientos más relevantes,-óperas, zarzuelas, teatro, música, ballet...- mencionaremos diversosejemplos: Margarita Xirgu, en 1930, representó la obra de FedericoGarcía Lorca "Mariana Pineda" con decorados de Salvador Dalí.Anteriormente, en 1915, la misma actriz interpretó en el Principal,entre otras obras, las siguientes: Electra de H. Hofmannthal, El patioazul de Santiago Rusiñol, El yermo de las almas, de Ramón M. del ValleInclán, y Salomé de Oscar Wilde. Sobre lo curioso o pintorescomencionaremos que en 1878 se ofreció a los alicantinos en el teatro unespectáculo con cuatro leones africanos.No faltaron las representaciones conmemorativas como la habida en1881 con motivo del segundo centenario de la muerte de don PedroCalderón de la Barca. Otras muchas actividades culturales tuvieronlugar en el Principal, como eje de la actividad cultural en Alicante:ejemplo de ello es la Exposición Nacional de Pintura y Escultura habidaen 1894 en la que ganaron los primeros premios Joaquín Sorolla eIgnacio Pinazo.El 11 de noviembre de 1896, unos meses más tarde de la primerasesión cinematográfica realizada en Madrid, el Teatro Principal deAlicante fue también marco para la primera sesión cinematrográfica,abierta al público, que se realizaba en la ciudad.


Propiedad

Los propietarios actuales del Teatro son el Ayuntamiento de Alicante y la Caja de Ahorros del Mediterráneo.Las dos primeras dotan anualmente fondos para el mantenimiento delas actividades a lo que también contribuye de forma significativa"Teatres" de la Generalitat Valenciana. El Ministerio de Cultura hadotado equipamientos.


Programación y Asistencias





Ademásde la programación propia, el teatro se utiliza para otrasprogramaciones por el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento deAlicante, la Sociedad de Conciertos y diversas entidades de caráctersocial y cultural.


Fuentes Documentales



Sumario



* Fuentes Documentales
* I. La construcción del Teatro Principal de Alicante
* II. Los tiempos de la P.L.C.
* III. Última Etapa del Teatro Principal
* Recordatorio


I. La construcción del Teatro Principal de Alicante




Corríanlos años de 1844 a 1846. Alicante crecía y prosperaba a impulsos de sucomercio; su radio de acción a través del océano, conseguían abrir entierras de América mercados insospechados. Por ello, sentía lanecesidad imperiosa de convertir en puerto la rada donde fondeaban losbarcos de su comercio; y bajo la dirección del ingeniero don ElíasAquino, construyó más de trescientos metros de espigón y una bellísimafarola, que según dicen las crónicas, medía treinta y cinco metros dealtitud.

No bastaba con ésto. Era preciso poner en comunicacióndirecta la ciudad con Valencia y con la capital del Reino. Para loprimero, comenzó la construcción de dos grandes carreteras, bajo ladirección del ingeniero don Agustín Berecibar, una por Alcoy y otra porla costa, pasando por los pueblos más importantes de la Ribera; y parala comunicación con Madrid, puso sobre el tapete el proyecto deferrocarril, con los estudios hechos por los Ingenieros, Sres.Subarcase y Peironet.

Para atender el cultivo de la inteligenciaconsiguieron nuestros abuelos, la Real Orden de 30 de septiembre de1845, concediendo la creación del Instituto Provincial de SegundaEnseñanza, que se instaló en la casa de la Asegurada; edificio desillería construído en 1685, para depósito triguero, junto al Palaciode los Duques de Maqueda y frente a la iglesia de Santa María, dondehoy se encuentra instalada nuestra Escela de Comercio.

Precisabaentonces pensar en el asunto espectáculos, indispensable para laatracción de forasteros en toda población que desea progresar. A estefin, se proyectó la construcción de una gran plaza de Toros en terrenosdel Barrio de San Antón, para reemplazar a la de madera que existía enel Barranquet, sitio que hoy ocupa la plaza de Chapí y del que arrancala Avenida de José Antonio.
En medio de todos estos adelantos,Alicante sentía la necesidad imperiosa de un teatro que reemplazase alviejo, pobre e insuficiente teatro Español, que se alzaba en la callede Liorna, donde aún se conservan los restos de su portada. Para llevara efecto este anhelo de la ciudad se reunieron los comerciantesalicantinos y ante el notario Sr. Cirer y Palou, otorgaron, en 10 deoctubre de 1845, escritura por la que se asociaban para la construcciónde un gran teatro en el sitio denominado del Barranquet, junto a laplaza de toros de madera allí existente, próxima a desaparecer.

Enel escaso tiempo de tres meses, llevaron a feliz término las gestionesnecesarias para realizar su plan, y el día 28 de enero de 1846,firmaron el convenio de construcción del teatro, colocando con todasolemnidad la primera piedra, a las dos de la tarde de aquel día,memorable desde entonces en la historia de Alicante.

Se encargóde la dirección facultativa de las obras el arquitecto don Elías Jover,quien dando gran impulso a las mismas, entregó el teatro totalmenteterminado –con coste de 200.000 pesetas- , a los veinte meses decomenzada la obra, el día 24 de septiembre de 1847.

¿Qué es loque Jover había construído? Indudablemente el edificio más bello quededicado a teatro existe desde entonces en España. Los hay seguramentemás ricos, más espaciosos, más cómodos; pero con la majestad de laslíneas señoriales de nuestro Teatro Principal, no hay otro teatro enEspaña que le iguale.

Sobre un plano de sesenta metros de fondopor treinta metros de fachada y veintitrés de elevación, levantó Joverun edificio soberbio, de orden dórico purísimo; con seis enormescolumnas que sostienen un ático sobriamente elegante con ciertoparecido al Congreso de los Diputados de Madrid y al templo de laMagdalena de la capital francesa.

Dijo de él cierto cronista dela ciudad, que parece un templo griego dela época de Pericles; unsantuario mitológico de los tiempos de Platón.

Hoy se conservade aquel edificio la austeridad de sus muros y la elegancia de susfachadas. En su interior, en cambio, ha ido perdiendo sus encantosprimitivos.

Aquel soberbio vestíbulo cuyos rincones fuerontestigos de tertulias de altos vuelos literarios, y quizás, quizás demás de una conspiración política en vísperas de elecciones, es hoymoderno café, sin sabor de historia.

Y aquel grandioso salón,que en el piso principal decoró el artista catalán José Planella, conrecuerdos de la Alhambra y el Alcázar sevillano; con zócalos demosaicos y calados arabescos; con sus lámparas colgantes que hacíanreflejar el oro de sus paredes, fué con el tiempo perdiéndose, aldesoír quien pudo poner a este mal, remedio, los constantes avisos deangustiosa alarma que los artistas de Alicante dieron.

Aquellajoya arquitectónica se inauguró, por fin, la noche del 25 de septiembrede 1847, poniéndose en escena “Guzmán el Bueno”, el drama de Gil yZárate, que se ha vuelto a representar, al cumplirse cien años deaquella fecha, la noche del 25 de septiembre de 1947, por la Compañíaque dirige don Luis B. Arroyo.

Seguramente el teatro debió seraquella noche del pasado siglo, la antesala de la Gloria. Dicen que ungrueso tapiz alfombraba la distancia desde la calle hasta el patio debutacas y la escalera que daba acceso a los palcos; y en ese tapizmuellemente pisaban los delicados pies de nuestras abuelas, prisionerosen sus zapatos de raso. Crujían al andar las sedas de sus vestidos queabultan las caderas sobre la cintura de estrechez inverosímil. Dosgruesos tirabuzones pendían junto a la cara, que discreta, recatabanlas plumas del abanico que sostenían con sus manos enguantadas. Pasabanpor el vestíbulo apoyadas en el brazo de nuestros abuelos jóvenes o losbisabuelos viejos, embutidos en el frac marrón o azul con los botonesdorados; con sus chalinas de encaje prendidas con broches de granvalor, y el pantalón ajustado rematando en la trabilla que cubría unagran parte del zapato de charol.

Al llegar a la sala deespectáculos, las parejas eran allí recibidas por aquellos comerciantesfundadores del teatro. Don Tomás España, don Pascual Vasallo, donFrancisco Martínez Morales, don Antonio Campos Doménech, el Conde deCasa-Rojas y el Marqués de Santa Clara, don Gaspar White, don MarianoValls, don Pedro García...; allí estaban todos ocupando los precisospuestos en que aquella noche el deber les reclamaba.

La lámparadesde el techo, descendiendo lentamente con luminarias de aceite, dabavida a los colores de aquel cuadro de belleza sin igual; preludió laorquesta dirigida por el gran maestro Villar, y en medio de un silencioimpresionante, comenzaba la función en la noche de aquel día, desdeentonces memorable en la historia de la ciudad de Alicante.

A partir de aquella anoche, el teatro Principal fué el lugar preferido de reunión de los amigos del arte.
Enel siguiente año de 1848, el Principal es el lugar de cita de todos losalicantinos. Nuestro ilustre comprovinciano señor Pastor de la Roca nosdeja recuerdo de sus veladas en las dos revistas que él dirige: “LaNave” y “El Avisador”.
El 25 de julio de 1849 vuelve a poner enescena el “Guzmán el Bueno”, de Gil y Zárate, encargándose derepresentar el papel de protagonista nada menos que Calvo, el divinoactor, a la sazón director de los teatros del Reino.

En agostode aquel mismo año se estrenó en Alicante el drama de Zorrilla:“Traidor, inconfeso y mártir”. En septiembre se estrenó “El abuelo”, yel 13 de diciembre se representó por primera vez “El hombre de mundo”,la obra que, pasado el tiempo, tanta gloria había de dar a MaríaGuerrero, a Fernando Díaz de Mendoza y a Emilio Thuiller, que unidoslos tres en famosa compañía, la eligieron para inaugurar el teatroMaría Guerrero, de Madrid, la noche del 9 de diciembre de 1910.

Lasempresas que se constituyeron para la explotación del teatro, hastadespués del año noventa, todas lo fueron bajo la iniciativa y direcciónde don Francisco Villar, que durante todos aquellos años dirigió laorquesta del Principal. Bajo su dirección cantaron, entre otros, AnaLagrange, Cristina Villó, Sofía Peruzzi, María Barrientos y JuliánGayarre, que en abril de 1887 cantó “Favorita” y “Lucrecia”; losconciertos de Sarasate se celebraron en abril de 1887; y entre lastemporadas de aquella época, llega hasta nosotros, como más destacada yen un hermoso folleto de don Ernesto Villar y Miralles, la actuación enabril de 1890 de la compañía dirigida por el maestro Goula, que puso enescena “Lucrecia”, “Fausto”, “Rigoletto”, “El Trovador”, “Lucía”, “LaAfricana”, “Sonámbula”, “Hugonotes” y “Roberto el Diávolo”, alcanzandoalguna de ellas hasta tres representaciones consecutivas.

Deesta forma, oyendo a los mejores cantantes y a las mejores orquestas,se formó aquel público selecto del palco corrido y delantera delparaíso que llegó a ser respetado y temido por los artistas, comopudieran serlo los públicos del Real y del Liceo.
También en aquellaépoca desfilaron por nuestro escenario, Julián Romea, José Valero,Pedro Delgado y Ricardo Calvo. Y más adelante, comenzado ya el sigloXX, Morano, Tallaví, Borrás, Thuiller, los esposos Guerrero-Mendoza,Catalina Bárcena y Margarita Xirgu.

El año 1851 nace enAlicante, Miguel Soler, aquel eminente bajo que paseó triunfante con suportentosa voz, por los escenarios de España, el nombre de la ciudadque se honró con ser su cuna. Entre sus mayores triunfos está el quelogró en Madrid la noche del estreno de “La Tempestad”.

Aquelgran actor, retirado ya de la escena, montó en nuestra ciudad unaescuela de cantó, de la que tantos buenos discípulos salieron para elteatro.
Otro gran cantante alicantino fué el tenor Ricardo Pastor,que tantas veces se cubrió de gloria en los teatros de España y deAmérica. Nunca se cuidó de él y todo lo dió por el arte. Bien tristeaquella “Tempestad” que cantó en el Principal al volver de BuenosAires; cuando cantaba entre continuadas ovaciones: “yo de las Indiastraigo un tesoro”, y en aquellos instantes se le estaba procurando unmodesto destino donde ganarse el sustento. Es el tremendo contraste delTeatro: la farsa burlando en escena, la tragedia de la vida que sedesarrolla entre bastidores.
Por último, brilla por aquel entoncesotro gran actor y cantante alicantino, quizás el cómico que en mayoresproporciones gozó de ambas cualidades. El gran Pablo Gorgé, cuya famacomienza hacia el año 96, cuando su padre, Pablo Gorgé y Soler, crea,al retirarse del teatro, la banda de música que lleva el nombre de “LaLira”, y a la sombra del Principal, el cuadro de zarzuela que llevabasu apellido. Pablito Gorgé, que así siempre se le llamó en Alicante,sentía un cariño inmenso por el Teatro Principal. Muchas anécdotaspodrían contarse de su vida en relación con nosotros; pero baste unatan sólo. Acababa Pablo de lograr un triunfo personal enorme cantandoen Barcelona “La Bohéme”. No descansó desde entonces hasta conseguirque se representase en Alicante; y cuando en el último acto se le hizorepetir la romanza de la “vecchia cimarra”, la repitió primero enitaliano, después en español y por último en catalán. Las enormesovaciones no dejaban materialmente continuar la representación. Aquellanoche Pablito sentía como suyo el Teatro Principal, y el público sentíael legítimo orgullo de aquel cantante que enaltecía con su vozmaravillosa la tierra que le vio nacer.
II. Los tiempos de la P.L.C.

Llegaron los años de 1911 y 1912, y con ellos la época que pudiéramosllamar de oro del Teatro Principal. Unos cuantos alicantinos sehicieron cargo de la empresa, que pronto quedó reducida solamente a dosnombres: Luis Altolaguirre y Luis Penalva, que con el título de laP.L.C., abrieron aquellos abonos a treinta o cuarenta funciones quepermitían conocer a fondo las mejores compañías líricas y dramáticasque entonces en España había y que al desfilar por nuestro escenarioeran pretexto de la diaria cita que en el Principal se daba laaristocracia de la sangre, del talento y del dinero. Eran aquellosabonos largos para la función de noche que congregaban en el TeatroPrincipal a lo más selecto del público alicantino; aquellos abonadosque en la función de tarde no ocupaban la localidad, a pesar de tenerlareservada gratuitamente, porque las tardes se dedicaban entonces altrabajo, a visitas de cortesía, a reuniones familiares o al paseo, queen los días festivos constituía la máxima atracción de las clasespudientes, que en la pista de la Explanada indefectiblemente lucían suscarruajes de lujo y sus troncos de caballos, antes de entregarse albaile en el salón Imperio del Casino o en el Oriental del Club deRegatas; de aquella clase media que gozaba en las terrazas de los cafésy casinos con los conciertos de nuestra banda Municipal y presenciabael desfile de los coches; y de aquella otra clase social más modestaque en verano llevaba a sus hijos a refrescar los domingos en lasclásicas horchaterías del tío Quico o de Sebastián el del Pasaje, y enlas tardes de fiesta de invierno se confundían en la sala del TeatroPrincipal con los niños y las muchachas de servicio que ocupaban laslocalidades abonadas en la noche por aquellos señores a cuyas casas ofamilias pertenecían.

El abono era casi siempre el mismo.Siempre todos en los mismos palcos. Don Francisco Esplugues ocupaba sininterrupción aquel palquito interior tan acogedor para los que a diariole hacían la tertulia a doña Matilde. Aquel proscenio de abonotradicional donde don Enrique Alberola, don Francisco Aznar y don JuanGuardiola realzaban con su presencia la distinción de las veladas. Laplatea de “El Purgatorio”, ocupada en los primeros tiempos por EmilioPobil, con su barba rubia; Manuel Curt, con sus barbas blancas; loshermanos Manero, con sus grandes bigotes negros, y Manolo Orts, con susimpecables indumentos; frente a ella, el palco de la “Canariera”, quehizo germinar bodas precursoras de venturosos hogares. Y en el centrodel piso principal, el palco del Gobernador, presidiendo siempre en elsitio que indudablemente debiera ser reservado a la presidencia delespectáculo.

Siempre todos en los mismos sitios; y cuando unalocalidad variaba de titular, el nuevo abonado la ocupaba ya siempre adiario y allí lo encontraba indefectiblemente quien en cualquier otrositio no logró localizarlo. ¡Cuántas consultas evacuó don RafaelBeltrán en su antepalco, donde más tarde reclamaron de Evaristo Manerolos auxilios de su ciencia! ¡cuántas veces a don Vicente seguí leobligaron las consultas a dejar su clásica postura del brazo izquierdoapoyado en la baranda del palco para que su mano sirviera de poderososauxiliar a su oído perezoso! Siempre todos en los mismos sitios. ¡Quéambiente más familiar tenía entonces el Teatro Principal!

* * *

Enfiestas de Carnaval la fisonomía del teatro fué variando con el tiempo,hasta perderse completamente su característica de buen humor, con ladesaparición, ¡qué pena!, de las fiestas de carnestolendas. Hace más detreinta años en los días de Carnaval trabajaban en nuestro teatro lasmejores compañías, cuyo trabajo realmente no era apreciado porque losespectadores se enzarzaban en una verdadera batalla de confettis yserpentinas, entre bromas de buen gusto, que eran el encanto de aquelpúblico que se daba el postín de pagar la localidad por asistir a unespectáculo al que no prestaba atención.

Mas tarde las fiestasde Carnaval fueron cambiando de carácter. Ya en esos días no habíarepresentación escénica y, en cambio, se organizaban diversos bailes demáscaras. En aquellas fiestas desaparecían las butacas de patio, ysobre ellas, a la altura del escenario, se montaba la pista de baile.

Elsábado de carnaval era el baile del “Diario”, en el que, unidas todaslas clases sociales, transcurría aquella velada cuyo recuerdoimborrable trae a la memoria de los que tuvimos la suerte depresenciarlas, aquellos concursos tan divertidos de rubias y demorenas, de mantones de Manila, de peinados y de bailes.

El domingo, por la tarde, era el baile de disfraces de los niños, encanto de los padres venturosos de aquellos tiernos infantes.

Yel martes de Carnaval, por la noche, se celebraba la fiesta del Club deRegatas. Era éste el baile más suntuoso y artístico de cuantos en estosdías tenían lugar. Ricardo Pobil, de etiqueta, se deshacía en saludos alos hombres y halagos a las damas; la sala estaba magníficamenteadornada con atributos del Club y con los nombres de todas lasembarcaciones que dieron gloria a Alicante, vencedoras en regatas. Enel centro de la pista, una tabla de salvamento era el tinglado de laorquesta que alegraba la velada; y el escenario, imitando un inmensoacuarium, era alegre restaurant.

Uno de aquellos carnavales –enel año 1904- debutó en nuestro Teatro Principal, Emilio Duval, conPilar Martí, en la compañía dirigida por Antonio Videgain. EmilioDuval, que venía precedido de gran fama desde el año 1896, que comenzósu carrera, haciéndose célebre más tarde en el escenario de Apolo, fuepor siempre amante de nuestra tierra y de nuestro público. Aquí tuvosus mayores éxitos y aquí llegó hasta el final de su vida, muriendofrente al mar que tanto admiró siempre, en el año 1946.

* * *

Enaquella época del Principal desfilaron por su escenario los elencos máscompletos, cuya cita y enumeración sería prolija en este trabajo. Sinembargo, quiero citar de esta época a dos grandes figuras que elpúblico alicantino no podrá nunca olvidar. Uno alicantino y otro, quede haber nacido en Alicante, con ello se honrara nuestra ciudad . Eséste don Emilio Sagi-Barba, el que tantas veces nos deleitó con suadmirable voz de barítono, igualada tan sólo por Stracciari y por TitaRufo. El portentoso creador de “La Viuda Alegre” y “La Princesa delDóllar”. El que con su esposa Luisa Vela, nuestra insignecomprovinciana, triunfaron en “Golondrinas”, en “Payasos” y en todascuantas obras representaron. El que al retirarse de la vida del teatro,en Alicante se quedó a vivir y con nosotros convivió hasta que lesorprendió la muerte en el pueblo de Polop, que el definía como el másbello del mundo.

La otra gran figura a que nos referimos fué elalicantino Arturo Lledó. Aquel eminente actor de una gracia sin igualque, del “Ciutti” del “Tenorio”, salta a primera figura del escenariode Apolo, y rápidamente se extiende su fama por toda España. Unaterrible enfermedad le fué segando la vida y le venció cuando aún podíadar muchos días de gloria a la escena española.

Por temor ahacer interminable este trabajo, no haré más que citar aquellas veladasde “La Filarmónica”, las audiciones de la Orquesta de Cámara,desgraciadamente desaparecidas ambas; y aquellos conciertos que todoslos años nos daba la Sinfónica de Madrid, dirigida por el maestro Arbos.

Porúltimo, un recuerdo para aquellas funciones de aficionados queresultaban admirables representaciones. Citemos tan sólo dos: aquel“Gigantes y Cabezudos” con Chirri Dupuy de Lome y Agustín SánchezSanjulián, que aquella noche se revelaron como eminentes cantantes. Yaquella “Doña Francisquita”, donde Carmina Tato hizo una verdaderacreación de su papel; y Lolita Latorre, la Beltrana más completa quecantó en el Principal. Don Eduardo Campos y don Juan Latorre fueron lospromotores entusiastas de aquellas hermosas fiestas de recuerdoinolvidable para los que tuvimos la suerte de presenciarlas.

* * *

Pasanlos años, y cuando la muerte nos arrebata a Luis Altolaguirreprácticamente queda deshecha la Empresa. Viene después la guerra y elvendaval de las pasiones desatadas, cierra de un fuerte portazo laspuertas del Principal. ¿Qué pasa luego?...


III. Última Etapa del Teatro Principal



Sumario



* Fuentes Documentales
* I. La construcción del Teatro Principal de Alicante
* II. Los tiempos de la P.L.C.
* III. Última Etapa del Teatro Principal
* Recordatorio


Recordatorio



L. PEREZ BUENO

De La Real Academia de San Fernando
(De la publicación del Ayuntamiento de Alicante titulada “Valores Españoles. Libro de Oro” en 1951).

Evocadoel pasado, después de recurrir a los camaranchones de la memoria, hemosdeducido que, por lo menos desde los últimos diez años del siglo XIX,éramos en Alicante, entre jóvenes y viejos, una legión de filarmónicosfervorosos, entre los que descollaban algunos melómanos, muy buenaspersonas, si bien algo tocadas de chifladura. La causa de esa dilecciónque, por comprender a todas las clases sociales, bien puede calificarsede ciudadana, hemos de situarla en el Teatro Principal, como fuente deorigen, ya que sus actividades rara vez quedaban interrumpidas algunosmeses en cada año. Sin perjuicio de representaciones de verso, más decomedias que de dramas, las jornadas líricas eran tan constantes que,salvo Madrid, Barcelona y Valencia, superaba Alicante a las demáscapitales de provincia, en cuanto a calidad y número de funciones.

Estar en Alicante una semana gozando de temperatura primaveral en todotiempo, sin temor a catarros y afonías, eran cuestiones más queatrayentes para que Julián Gayarre figurase en la compañía de ópera quedurante unos días actuó en el Principal.
Enorme era la expectación por oír al rey de los tenores,al que la fama pregonaba en Europa y América como voz de maravilla.Bien merece dediquemos unas líneas a su extraordinaria calidad. El granmusicógrafo don José Subirá, en su admirable y reciente obra “Historiay Anecdotario del Teatro Real” memora lo que el Dr. Amalio Gimenoescribió después de haber estudiado la laringe de Gayarre: “La voz deleminente tenor, dijo, tenía aquella amplitud e intensidadincomparables, que aún en canto dulcísimo y en registro de cabeza hacíallegar a los más apartados lugares del teatro”, y comenta la facilidadcon que Gayarre podía pasar desde el registro de pecho al de cabeza yviceversa, sosteniendo un canto spianato, y la soltura con que emitíael dó de pecho aventajando al mismo Tamberlick.
Los periodistas alicantinos, entre los agasajos con queobsequiaron al tenor, figuró una jira en una finca de la Huerta; unalmuerzo con minuta de lo más típico de la cocina de la “terreta”.
Y ocurrió, que don Carlos Faes, persona culta y rica,quiso que en los salones de su casa diese un concierto Gayarre; a eseefecto le envió su secretario con carta blanca respecto a honorarios, yel tenor le contestó: “Agradezco al señor Faes su proposición, pero elque quiera oírme que vaya al Teatro Principal, pues me place más pasarel día con mis amigos los periodistas que cuanto pudiera pagarme aquelseñor”.
Y así destruyó la leyenda de tacaño, despreciando hastadiez mil pesetas que llegaron a ofrecerle por un concierto. Y hay queadvertir que por entonces, en los años de 1885 al 90, las tiples ytenores que en la cumbre de fama mundial estaban contratados en elReal, de Madrid, no cobraban más de cuatro a cinco mil pesetas porfunción.
Pocas compañías de ópera vimos después en el Principal,en el curso de algunos años, con artistas casi todos en deplorabledecadencia, como, por ejemplo, el bajo Visconti, natural de Elche,número uno que había sido de los de su cuerda durante varias temporadasen el Teatro Real, de Madrid.
No habíamos oído en el Principal el “Otello”, de Verdi,hasta que lo cantó un tenor llamado Cardinali, émulo de tamango endicha ópera, por el volumen y extensión de su voz. Amistamos con él, eldoctor don Antonio Rico y yo, y un buen día, dando un paseo, nos fuimosal castillo de Santa Bárbara, y allí, en el baluarte, mirando al mar,que, como una mancha de límpido azul se perdía en el lejano horizonte,acariciados por una leve brisa, quieras que no, hicimos entonar aCardinali, a plena voz, el vibrante cántico de alegría con que en elprimer acto del “Otello” da cuenta al pueblo de Venecia de habervencido el orgullo musulmán. Hago constar que la idea fué del doctor,pues mi papel se redujo a ser acompañante, oyente, y el haber obtenidopermiso para entrar en el castillo, concedido por un primo mío,teniente del Real Cuerpo de Artillería, destinado en Alicante, con elcargo de “Comandante de Artillería de la Plaza”. De la que en un tiempofué formidable fortaleza, sólo quedaban entonces como unidades decombate tres o cuatro cañones de bronce, que se cargaban por la boca.
Para las zarzuelas, así grandes como del género chico,clásicas y modernas, tuvo el Teatro Principal, por el celo y afición desus propietarios y administradores, noble y desinteresada protección.El espectáculo de zarzuela llegó a constituir parte integrante eindispensable en el vivir alicantino durante algunos meses cada año.Los sábados, por la noche, y los domingos, tarde y noche, los llenoseran formidables. En el género clásico, las de Barbieri eran las másaplaudidas. Sus representaciones, como las del género grande, exigíanno sólo excelentes cantantes, sino también buenos actores, que supieransentir y bien la parte declamada. Calderones y fiorituras se aplaudíany repetían indefectiblemente en la romántica “Marina”, de Arrieta, quesigue gozando de perdurable juventud y considerada como piedra de toquepara destacar a los artistas de zarzuela. El “Jorge” del tenor Casañasera insuperable, por su entusiasmo y brío, no quedándose a la zaga elviejo barítono Lacarra.
De vez en cuando hacían acto de presencia muy mantenidaen nuestro teatro, las obras que habían obtenido éxito resonante enMadrid, entre ellas, la veterana “Gran Vía”, en la que el barítonoSigler ponía cátedra en un “Caballero de Gracia” impecable. Tenía eldon este artista de engrandecer los papeles más secundarios, y elpúblico le colmaba de aplausos, tanto por su maestría como por sumodestia.
Las producciones del inmortal Chapí se representaban todas las temporadas.
De los que llevaban la acción cantante y casi constanteen el escenario del Principal, entre varias tiples, recuerdo como lamás sobresaliente a la señora Roca, y de ellos, en primer lugar, eltenor Beltrami, de bella voz en todos los registros, infatigable ycabal protagonista de “La Tempestad”, la “Bruja” y el “Milagro de laVirgen”, singularmente, sin que olvidemos a Bonifacio Pinedo,extraordinario cantante y actor cómico, que, después de actuar muchotiempo en Alicante, triunfó en los escenarios de Madrid.
De las jornadas líricas de los pasados tiempos os hedicho, amables lectores, de las actuales no podré formarme idea,mientras no me expliquen la causa o causas de que vayan surgiendo enEspaña, en progresión continua, tantos ases, divos, divas, vedetes ysupervedetes.
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